La joyas de la corona es el nombre de un reality formado por una panda de canis juntos, unos chicos que se pasan el día diciendo: “muuuy fuerte, tiiia”, o “tiiioooo, ya te vale”, que gritan, que despotrican, pero que cada día están un poco más suavecitos gracias a la disciplina de unos maestros (algunos un poco rancios) y, por supuesto a Súper Carmen Lomana. Una tal Azahara que se ha cortado el pelo con su amigo Jorge han sido los cambios más grandes de esta semana.
Por cierto, os doy un coti: un amigo me ha contado que Lomana es de lo peor que te puedes encontrar si eres, por ejemplo, camarero de un Hotel de lujo, y de primer mano, porque ella a esa gente normal los desprecia, con lo que seguro que se estará esforzando de lo lindo en el programita para soportar a estos chicos de barrio (como ella misma los clasificaría).
El programita no tiene desperdicio, las preguntas de INcultura general, las lecciones de buenas maneras a lo heavy, las fiestas con borracheras pero sin querer ser Gran Hermano… la Lomana insiste, “esto no es Graaan Hermanoo” (así lento, como ella habla) pero yo le digo a la señorísima que “dime de qué presumes”.
Esta semana ha tocado básicamente chapa y pintura para ponerlos un poco más monos y menos canis a todos, y parece que con algunos lo han conseguido. Así que os dejo las fotos del ayer y el hoy, con esos trajes monísimos, esos pelos de peluquería y esa forma de ser escondida en lo más profundo de sus seres para la tele (sólo durante el ratito que la gala dura, que no cunda el pánico).
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